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miércoles, 12 de febrero de 2014

MATANDO, QUE ES GERUNDIO (2ª Parte)

El otro día vimos un pequeño catálogo de objetos que los sumerios utilizaban para hacer alusiones personales al prójimo, así como algunas de las tácticas utilizadas para ello. Sin embargo, nos quedaron algunas cuestiones pendientes.
Así se piensa que era un barco de cañas sumerio.
Cualquier parecido con los egipcios, es
mera coincidencia.
Por ejemplo: ¿poseían una flota de guerra, dado que toda su cultura se basaba en dos ríos? Pues este asunto en concreto es muy peliagudo. No hay ninguna duda de que debieron tener algún tipo de flota o, por lo menos, de barcos de guerra, pues evidentemente, no sólo vivían entre dos grandes cursos fluviales sino que, además, el territorio estaba surcado por cientos de kilómetros de canales. Cualquier campaña militar tuvo que tener en cuenta este detalle, no sólo desde el punto de vista del transporte rápido o la ocupación de las infraestructuras del enemigo, sino también de la logística y la intendencia.
El problema es que, antes de la época asiria, sólo ha llegado hasta nuestros días una representación gráfica de una barca (de piel, por cierto). Y en cuanto a las embarcaciones más grandes, sólo poseemos un par de referencias. En una de ellas se describe lo que parece ser un barco de madera con una capacidad de transporte para unos 30 hombres, con una especie de cabeza de animal en la proa, que se usaría para colocar una luz durante la noche, pero no hay imágenes de la misma. También tenemos referencias, en algún documento encontrado en las ruinas de la biblioteca de Ebla, de que en alguna ciudad de la zona de Mari existían astilleros donde se construían barcos de cañas (parecidos a los egipcios), así como de que existían astilleros en Eridu, junto al mar.

La ciudad de Mari.  Con semejantes murallas,
y sin artillería... más les valía estrujarse
el cerebro para conquistarla.
Otro asunto que rompe la cabeza a los sumeriólogos es si conocieron técnicas de sitio. Las ciudades sumerias poseían grandes murallas de adobes, y es evidente que desde muy temprano, los gobernantes sumerios debieron ponerse a la tarea de idear sistemas para superar esos obstáculos.  Por desgracia, solamente nos ha llegado una referencia sobre ello, más concretamente en el reinado del rey acadio Naram-Sin.  En uno de sus textos de autobombo, cuenta que en la conquista de Apishal (una ciudad perteneciente a Ebla, que por lo visto contaba con una triple muralla) utilizó “el arma de Dagán” para abrir un agujero en las defensas, por el que pudo entrar con sus soldados.  ¿Qué era el “arma de Dagán”? Misterio… Por si fuera poco, las ruinas de Apishal, a día de hoy, aún no han sido localizadas, y aunque hay varias posibles candidatas, la zona (Siria) no se presta a excavaciones.

Prisioneros camino del cautiverio. Estos, por lo
menos, han tenido "suerte".
Y ya para acabar, hablaremos un poco de una de las consecuencias de la guerra: los prisioneros.  Los sumerios no eran amigos de hacer prisioneros, básicamente porque luego hay que alimentarlos y vigilarlos. Solamente si tenían necesidad de mano de obra esclavizaban a los vencidos, lo que no era tan terrible como parece a primera vista (no solamente por el hecho de salvar la vida, sino por la situación de los esclavos en Sumeria, de lo que se hablará otro día).  Por regla general preferían asesinar a los que se habían rendido, siempre que no hubiera un acuerdo con el gobernante perdedor para salvar esas vidas. Los cuerpos eran apilados y quemados, pues los sumerios ya conocían los problemas de los cadáveres pudriéndose al sol. 

Las guerras entre sumerios no eran muy cruentas en general, y casi siempre se llegaban a acuerdos para evitar las matanzas, salvo que hubiera un gran odio entre ciudades (como el caso de Lagash y Umma, que no se soportaban). Los acadios introducen el concepto de masacre en la guerra. El rey Rimush sofocó una revuelta sumeria construyendo el primer campo de concentración del que tenemos noticia, y en el que por lo visto pudieron morir hasta 50.000 personas por hambre y torturas (la población de una gran ciudad de la zona en aquella época). También se jacta en uno de sus textos de propaganda de haber asesinado a 30.000 prisioneros en un solo día.  Un angelito, vamos.


Y es que, si alguien pensaba que eso de los tipos con bigote a los Charlot haciendo fogatas, era un invento moderno... se equivocó.

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