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domingo, 8 de septiembre de 2013

SIPARRUS AFILADOS Y DOTHRAKIS DESARMADOS

En un par de ocasiones se me ha preguntado acerca de las famosas Siparrus.  Parece que hay curiosidad por saber cómo era el arma que el general Shamum regala a Sheru, poco antes de su salida de Agadé.  

Khopesh egipcio
Un Siparru sumerio  es lo que comúnmente se conoce como "espada-hoz" (posiblemente porque son el resultado de  la evolución de las antiguas hoces de campesino usadas en el campo de batalla hasta algo más sofisticado). Los egipcios las llamaban Khopesh, y hasta el día de hoy, los arqueólogos no se ponen de acuerdo acerca de quién inventó el arma, si Egipto o Sumeria.

Sin embargo, pese a lo que algunos piensan, no era exactamente una espada. De hecho, poca esgrima podía hacerse con una hoja de semejante diseño.  Si además tenemos en cuenta que el filo estaba en la parte cóncava en vez de la convexa, al contrario de lo que es la creencia común, llegamos a la conclusión de que es un arma muy rara.

¿Para qué servía un Siparru? Pues básicamente tenía dos funciones. La primera consistía en enganchar el escudo del enemigo, dejando su cuerpo al descubierto para que pudiera recibir un lanzazo. La segunda es que si el que lo utilizaba era hábil, podía degollar a su contrincante con él. Era, por tanto, un arma que debía usarse con una técnica especial, y que resultaba de lo más sangrienta.  

Y llegando al apartado de curiosidades, podemos darle un pequeño tirón de orejas al maestro G R R Martin, con el mayor de los cariños y desde mi total admiración a su obra.  En Juego de Tronos, los guerreros dothrakis llevan un arma, el Arakh, cuyo diseño está basado en las espadas-hoz. 

Guerreros dothrakis luchando con sus Arakh.
Bonita escenografía que en la vida real no serviría de gran cosa.
El problema es que según las novelas, son guerreros especializados en la lucha a caballo, y tristemente, una espada-hoz, es completamente inútil para dicho menester.   Para empezar le falta longitud.  Para que el guerrero pudiera asestar un golpe de forma efectiva, tendría que inclinarse mucho sobre la montura, lo que le expondría a recibir una alusión personal muy sangrienta por parte del atacado. Además, el diseño de la hoja no es lo bastante grueso ni pesado. Podría producir heridas aparatosas, y dolorosas, pero en ningún caso con un arma como ésa podría abrirle la cabeza al infante de turno, tal y como pasaría con un sable de caballería.  

Nuestros antepasados iberos fueron más inteligentes en ese sentido, cuando diseñaron la Falcata, que servía tanto para infantería, como para abrir cabezas desde un caballo.


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